miércoles, marzo 18, 2009

La educación extorsiva III (Castigo)

La educación por el castigo concibe, que los cambios de conducta se harán en una superficie de las actitudes, que la modificación del síntoma es un factor de crecimiento. El castigo es un no-crecimiento, es un estancamiento, es encapsular un problema en la no-resolución, es no visualizar la posibilidad de resolver el conflicto, ni identificar claramente sus actores y sus victimas. Tampoco es una puesta de límites, veremos... “Te quedas sin televisión porque no tomaste la sopa”.Mezcla y confunde a tal grado que no se puede diferenciar cuales son las necesidades principales de cada uno, pareciera que tomar la sopa o alimentarse fuese un sacrificio, no una necesidad, (tal vez haya que cambiar el menú), y que ver la televisión, un premio, algo muy positivo. Por otro lado ¿realmente es necesario que tome las sopa? o ¿es necesario que vea televisión? ¿Cuáles son las necesidades básicas de cada uno?.

Porque también se juegan necesidades del adulto que quedan solapadas y no son tenidas en cuenta. Existen muchas posibilidades fuera del eje de los premios y castigos. Eje que además, no considera las necesidades del chico, y no lo ayuda a hacerse cargo de ellas. “Tomo la sopa, porque no voy a ver tele, y no porque necesito alimentarme” (de allí a los trastornos alimentarios estamos a un paso).

Hay otras opciones Algunas de éstas tienen que ver con tomas de conciencia y puestas de límites claros. Tomas de conciencia que pasan por entender porqué no toma la sopa, y si es necesario, luego acompañarlo en esa experiencia y compartirla.

Los chicos quieren crecer, y en ese deseo está la imitación de los padres, lo que nosotros hagamos será la verdadera impronta y punto de partida para lo que ellos hagan, no lo que digamos.

Por otro lado la puesta de límites claro son, por ejemplo: no vemos más tele porque vamos a hacer otra cosa, o simplemente porque no me gusta ò no tengo ganas.

Seguiremos con esto de los límites.

jueves, marzo 12, 2009

La educación extorsiva II (agresión)


Decíamos: el atacante termina siendo valorado positivamente. Pues si la victima reproduce la agresión del atacante quiere decir que ésta está bien, es bien valorada. Las expresiones “te pega, entonces pegale vos” “devolvésela” “Aprendè a defenderte” (que en definitiva es “hacé vos lo mismo”), aceptan y refuerzan el intercambio agresivo y limitan la posibilidad de salir del circulo violento, angustian al chico,”si no me defiendo soy un tonto”, y si me defiendo y le pego ,me alivio, pero sólo en apariencia, el dolor del golpe recibido no desaparece y sólo queda una sorda satisfacción por del dolor ajeno, y el vínculo, la relación queda resentida “ya no somos amigos porque nos pegamos”.
Pareciera que los padres no tuviéramos otra alternativa para darles a sus hijos. Alguna vez ante el planteo de que ésta reciprocidad no soluciona el conflicto, escuché “¡¿y que querés que se deje pegar?!”. Es como si no tuviésemos más opción, no tenemos mucho repertorio al respecto, porque cuando fuimos niños recibimos ése único discurso.
Es necesario que nos conectemos con sentimientos más amplios que los de quedar como tontos porque no nos vengamos, que podamos conectarnos con la imposibilidad del otro en no poder manifestar algo de otra manera que no sea agresión. No porque “no está bien”, sino porque no aprendemos a manejar esa agresión, no aprendemos a defendernos realmente.
Aprender a defendernos de la agresión es no incorporarla a nosotros mismos, por lo tanto no suscribirnos a la venganza y sobre todo encontrar los pasos para resolverla y no propagarla. Empezar por comprender que el agresor es victima de la agresión y no el agredido. Que maltratar no es ser fuerte, que no hay porqué quedarse bajo los golpes, que si me golpean debo atender mis dolores, (tanto físicos como psíquicos), y comprender porqué soy objeto de esa violencia, no de una manera culposa, “no soy el responsable ni el culpable de ésa violencia”, pero si objeto de ella y por lo tanto hay características que hay que rever, relaciones, conductas, algo para modificar, para crecer. De lo contrario si soy victima hoy seguramente mañana seré victimario.
Las relaciones son de a dos y así su construcción.
La educación por el castigo tiene muchas de éstas características.

jueves, marzo 05, 2009

La educación extorsiva I (Reciprocidad)


La educación hegemónica, hoy es extorsiva y competitiva.
Los parámetros de la educación tienen que ver con: “si no haces esto no te doy esto”, que es también el principio de la penitencia y del castigo.
O sino generan culpa “esto te pasa porque hiciste tal cosa tal cosa”.Ayer Miria corría y se cayó, la respuesta obvia de la madre fue “eso te pasa por correr” ¿cuál sería la solución: no correr? ¿Puede un chico no jugar, ser sedentario? ¿Es sano? ¿Es lo que queremos? ¿De que vale plantear que no debía haber corrido, frente al dolor del chico por el golpe? ¿Se le pasará el dolor por eso?
En ese momento hay como un desfasaje entre el deseo del chico que quiere que su madre-padre le quite el dolor, y el deseo de éste de que quiere que esa situación no hubiera pasado, entonces culpabiliza al mismo chico, (visión que tenemos a lo largo de la vida con los enfermos en general, culparlos por su enfermedad), “si te hubieses abrigado...”, tal vez con la intención inconsciente de desligar la culpa propia por creer que como padres podemos y debemos cuidad a nuestros hijos de todos los peligros, porque es nuestra obligación, sintiendo una cierta omnipotencia.
La reciprocidad en la educación es un también un tema importante y muchas veces soslayado.
“Te hago esto porque me hiciste aquello” es el principio del castigo que está basado en la necesidad del castigado no de la víctima del hecho.
“Le rompiste el juguete, andá pedile disculpas”, pero no se lo arreglas!!!! ¿de que vale disculparse si no se resuelve el daño realizado?. Creo que solo por di-culparse, sacarse la culpa.
Volvamos a la reciprocidad,”Si te pegan devovésela”, “Aprendé a defenderte”, “si me empujas, te empujo”.
Esta actitud solo refuerza las partes más auto-nocivas del ego. Pero sobre todo impide crecer, no propone una instancia superadora sino una que queda atrapada en la acción que propone el otro.
Nuestro yo (el del chico en este caso) queda atrapado en el móvil del agresor.
Si me pegan, el objetivo es reconocer el dolor y evitar que se repita. Estas dos etapas son eludidas y solapada por la propuesta de reciprocidad, que queda instalada en una sucesión de repeticiones hasta que obture por el dolor (uno de los dos no da más) o imposibilidad (no puede más), imposición del ego (alguno se da por vencido) y no por la superación.
La víctima queda atrapada en la lógica del victimario, en el circulo dominador –dominado.
Esta actitud en la formación de los niños queda instalada y por supuesto se hace una costumbre en la relación entre adultos y es fuente de los más significativos obstáculos para crecer.
El atacante termina siendo valorado positivamente.