
La educación hegemónica, hoy es extorsiva y competitiva.
Los parámetros de la educación tienen que ver con: “si no haces esto no te doy esto”, que es también el principio de la penitencia y del castigo.
O sino generan culpa “esto te pasa porque hiciste tal cosa tal cosa”.Ayer Miria corría y se cayó, la respuesta obvia de la madre fue “eso te pasa por correr” ¿cuál sería la solución: no correr? ¿Puede un chico no jugar, ser sedentario? ¿Es sano? ¿Es lo que queremos? ¿De que vale plantear que no debía haber corrido, frente al dolor del chico por el golpe? ¿Se le pasará el dolor por eso?
En ese momento hay como un desfasaje entre el deseo del chico que quiere que su madre-padre le quite el dolor, y el deseo de éste de que quiere que esa situación no hubiera pasado, entonces culpabiliza al mismo chico, (visión que tenemos a lo largo de la vida con los enfermos en general, culparlos por su enfermedad), “si te hubieses abrigado...”, tal vez con la intención inconsciente de desligar la culpa propia por creer que como padres podemos y debemos cuidad a nuestros hijos de todos los peligros, porque es nuestra obligación, sintiendo una cierta omnipotencia.
La reciprocidad en la educación es un también un tema importante y muchas veces soslayado.
“Te hago esto porque me hiciste aquello” es el principio del castigo que está basado en la necesidad del castigado no de la víctima del hecho.
“Le rompiste el juguete, andá pedile disculpas”, pero no se lo arreglas!!!! ¿de que vale disculparse si no se resuelve el daño realizado?. Creo que solo por di-culparse, sacarse la culpa.
Volvamos a la reciprocidad,”Si te pegan devovésela”, “Aprendé a defenderte”, “si me empujas, te empujo”.
Esta actitud solo refuerza las partes más auto-nocivas del ego. Pero sobre todo impide crecer, no propone una instancia superadora sino una que queda atrapada en la acción que propone el otro.
Nuestro yo (el del chico en este caso) queda atrapado en el móvil del agresor.
Si me pegan, el objetivo es reconocer el dolor y evitar que se repita. Estas dos etapas son eludidas y solapada por la propuesta de reciprocidad, que queda instalada en una sucesión de repeticiones hasta que obture por el dolor (uno de los dos no da más) o imposibilidad (no puede más), imposición del ego (alguno se da por vencido) y no por la superación.
La víctima queda atrapada en la lógica del victimario, en el circulo dominador –dominado.
Esta actitud en la formación de los niños queda instalada y por supuesto se hace una costumbre en la relación entre adultos y es fuente de los más significativos obstáculos para crecer.
El atacante termina siendo valorado positivamente.
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