lunes, julio 21, 2008

Jugar III


En el reencuentro con las actividades de adultos que sintonizan con aquella de los juegos (que a su vez hacíamos a “imagen y semejanza” de los adultos) como decía anteriormente, existe un plus de placer.

Entonces una mujer que cambia los pañales a su hijo se reencuentra con aquella niña que jugaba con muñecas; cuando prepara la comida se encuentra con aquella que jugaba a hacerlo cuando niña, el hombre que compite en el trabajo, rememora aquel que “ganaba” en los juegos infantiles.

En el período de adolescencia empieza a actuar la fuerza del mandato: “los grandes no juegan”, esto puede operara de múltiples maneras. Por un lado puede dejar en lo íntimo, en secreto el placer de este reencuentro con el juego, también puede invertir la valoración y que aquello que tanto disfrutamos hoy nos cause rechazo o vergüenza, en el mejor de los casos puede que se sublime por acciones creativas o al contrario nos obture la capacidad de pensar imaginativamente.

Varones juegos “Algo personal

Cuando era chico, diez, ocho años, me regalaron unos muñecos de soldados, de algo más de 30 cm., que para hacerlos más realistas tenían ropa de tela, armas, mochila, botas de plástico, eran un poco más grandes que lo que después fueron las Barbies, y por supuesto no tenían luces ni ninguna sofisticación (corrían los principios de los 70).

Y resultó que junto con mi hermano, que tenía otro igual, le hacíamos alguna ropa, carpas, cosas en tela y casas, tenían sus actividades y peleaban pero también comían y esas cosas. Les habíamos hecho una casa con un mueble viejo y alguna vez le hicimos una especie de ascensor. Fue algo muy parecido a tener una Barbie, pero masculino, una muñeca pero aceptada socialmente para varones.

Esto de hacerles cosas, mucho tenía que ver con el cuidar. Es uno de los juguetes que más recuerdo.

Digo: la cuestión no es salir corriendo a comprarles muñecas a nuestros hijos varones, sino incorporar nuevas formas que puedan ser disfrutadas por ellos.

Es lo que hay y veremos como lo vamos instrumentando. Tampoco me parece que la cuestión pase por dejarlos jugar con tal o cual juguete o impedirles otros. Pero como siempre, de una manera u otra, condicionamos su juego, revisar nuestra actitud y direccionarla conscientemente. Pero sobre todo: JUGUEMOS, juguemos con ellos, juguemos solos, juguemos con nuestras parejas, con nuestros amigos. Divirtámonos y también observemos nuestros juegos, analicémoslos críticamente, en nuestra intimidad. Puede ser una potente arma para conocernos y conocer a nuestros hijos, más allá de las endorfinas que produzcamos.

Mientras tanto juguemos, disfrutemos del placer de ser papás y mamás, sabiendo que jugamos estaremos más seguros y se lo trasmitiremos a nuestros hijos.

martes, julio 15, 2008

Jugar II


Pero volvamos al juego con nuestros hijos: jugar nos conecta al placer, pero pocas veces nos lo permitimos.

En la vida adulta muchas de nuestras actividades cotidianas que están relacionadas, de una manera u otra, con aquellos juegos que realizamos en la infancia. Como muchas actividades laborales, (de chica jugaba a ser dependienta de un negocio, y ahora es su trabajo o su frustración), entonces hay un disfrute o todo lo contrario, extra… un plus. A veces no es tan directo: “de chico jugaba a los soldados y ahora tiene una actitud fuertemente competitiva en sus tareas laborales”.

Muchas veces ésta característica se vuelven consciente y “jugamos para adentro” (sin que nadie se de cuenta) mientras hacemos una tarea. Otras veces ésta relación permanece inconsciente, pero el plus de placer o displacer, está.

Este sería simplemente la contra cara de aquellas múltiples teorías (Winicott, Piaget, etc.) que dicen, que el juego del niño es la preparación para la entrada en el mundo de las actividades de los adultos: en la actividad de los adultos hay una reedición de los juegos infantiles.

También hay sublimaciones de estos viejos placeres lúdicos con sus actividades deportivas, de esparcimiento, delictivas, etc. Estos juegos infantiles, son entonces un aprendizaje para las actividades adultas.

Así las actividades adultas que tengan contacto con nuestros juegos infantiles nos darán un plus de placer cuando las realicemos.

En nuestro medio el juego de los chicos no ha cambiado sensiblemente en muchas, muchas décadas, tal vez sea de las actividades más conservadoras de nuestra sociedad. Hoy la propuesta para los varones sigue siendo soldaditos, armas, súper-héroes, power rangers, autitos, deportes como el fútbol o el rugby. Todo lo demás son excepciones. El eje de las niñas tiene que ver con muñecas, cosméticos, artículos de cocina ò comida, Barbis, hoy (y ayer) princesas Disney .Las jugueterías tienen sectores sensiblemente diferenciados para varones y niñas.

Estos elementos se constituyen, no sólo en modelos y preparación para la vida adulta, sino espacios de posterior placer, además del mensaje implícito de la división de los lugares de juego, de placer y de actividades para la vida adulta, y esa división es contundente. Sino imaginemos lo que sucedería si a nuestros hijos varones le regaláramos una muñeca ¿qué actitud tendría él? y ¿qué pasaría con el entorno?. No hace mucho una madre de un varón d 3 años me consultó preocupadísima, que su hijo había estado jugando con las muñecas de su prima y había llorado cuando se las habían sacado, me preguntaba si eso no era un signo de homosexualidad.

Parece una anécdota aislada, pero no lo es. Por más que muchas veces no nos animemos a manifestarlo, como esta amiga, la preocupación por que los varones y las nenas tengan juguetes diferenciados, es general.

Sobre todo que los varones no jueguen con juguetes de nenas. Por más que la homosexualidad esté teniendo mayor prensa que en el pasado sigue viviéndome como un fracaso de los padres y no como una elección sexual.

Junio de 2008: una madre se me acerca escondiendo de su hijo, de algo más de un año, una tasita rosa, me dice: “tomá escondelo y dáselo a tu hija: no quiero que juegue con nada rosa”. Chann!!!

No creo que este sea el camino para el encuentro en las sensibilidades masculina y femenina que consolide una sociedad más justa y feliz, sino más bien todo lo contrario: una expresión de las fobias a lo nuevo de una sociedad tristemente machista.

Continuará...