
Pero volvamos al juego con nuestros hijos: jugar nos conecta al placer, pero pocas veces nos lo permitimos.
En la vida adulta muchas de nuestras actividades cotidianas que están relacionadas, de una manera u otra, con aquellos juegos que realizamos en la infancia. Como muchas actividades laborales, (de chica jugaba a ser dependienta de un negocio, y ahora es su trabajo o su frustración), entonces hay un disfrute o todo lo contrario, extra… un plus. A veces no es tan directo: “de chico jugaba a los soldados y ahora tiene una actitud fuertemente competitiva en sus tareas laborales”.
Muchas veces ésta característica se vuelven consciente y “jugamos para adentro” (sin que nadie se de cuenta) mientras hacemos una tarea. Otras veces ésta relación permanece inconsciente, pero el plus de placer o displacer, está.
Este sería simplemente la contra cara de aquellas múltiples teorías (Winicott, Piaget, etc.) que dicen, que el juego del niño es la preparación para la entrada en el mundo de las actividades de los adultos: en la actividad de los adultos hay una reedición de los juegos infantiles.
También hay sublimaciones de estos viejos placeres lúdicos con sus actividades deportivas, de esparcimiento, delictivas, etc. Estos juegos infantiles, son entonces un aprendizaje para las actividades adultas.
Así las actividades adultas que tengan contacto con nuestros juegos infantiles nos darán un plus de placer cuando las realicemos.
En nuestro medio el juego de los chicos no ha cambiado sensiblemente en muchas, muchas décadas, tal vez sea de las actividades más conservadoras de nuestra sociedad. Hoy la propuesta para los varones sigue siendo soldaditos, armas, súper-héroes, power rangers, autitos, deportes como el fútbol o el rugby. Todo lo demás son excepciones. El eje de las niñas tiene que ver con muñecas, cosméticos, artículos de cocina ò comida, Barbis, hoy (y ayer) princesas Disney .Las jugueterías tienen sectores sensiblemente diferenciados para varones y niñas.
Estos elementos se constituyen, no sólo en modelos y preparación para la vida adulta, sino espacios de posterior placer, además del mensaje implícito de la división de los lugares de juego, de placer y de actividades para la vida adulta, y esa división es contundente. Sino imaginemos lo que sucedería si a nuestros hijos varones le regaláramos una muñeca ¿qué actitud tendría él? y ¿qué pasaría con el entorno?. No hace mucho una madre de un varón d 3 años me consultó preocupadísima, que su hijo había estado jugando con las muñecas de su prima y había llorado cuando se las habían sacado, me preguntaba si eso no era un signo de homosexualidad.
Parece una anécdota aislada, pero no lo es. Por más que muchas veces no nos animemos a manifestarlo, como esta amiga, la preocupación por que los varones y las nenas tengan juguetes diferenciados, es general.
Sobre todo que los varones no jueguen con juguetes de nenas. Por más que la homosexualidad esté teniendo mayor prensa que en el pasado sigue viviéndome como un fracaso de los padres y no como una elección sexual.
Junio de 2008: una madre se me acerca escondiendo de su hijo, de algo más de un año, una tasita rosa, me dice: “tomá escondelo y dáselo a tu hija: no quiero que juegue con nada rosa”. Chann!!!
No creo que este sea el camino para el encuentro en las sensibilidades masculina y femenina que consolide una sociedad más justa y feliz, sino más bien todo lo contrario: una expresión de las fobias a lo nuevo de una sociedad tristemente machista.
Continuará...
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