jueves, abril 03, 2008

Pensamiento mágico y género

Un elemento importante, para mí fundamental, en el análisis de nuevas formas de paternidad es el modelo de género. Un modelo que está en pleno cambio o en sus inicios. ¿Cómo no es que ya se transformó?. Mmmmmmm…

Sergio Sinay en su libro (ver) aborda dos ejes fundamentales en esta cuestión, uno es que: la sociedad piensa que cambió a pesar que se siguen manejando los mismos parámetros, y la “masculinidad tóxica” (como él la llama), está activa en toda su potencia, y otro eje (entre muchos otros que desarrolla) es el tipo de mirada ante estos cambios, como por ejemplo, decir que los jóvenes viene con nuevas formas o maneras, simplemente porque son jóvenes, como si no se estuvieran formando dentro de este modelo patriarcal que de a ratos, en vez de parecer diluirse, parece fortalecerse. Una mirada mágica, como el la califica y yo acuerdo plenamente. Pensamiento que muy cariñosamente, me recuerda al de mi abuela cuando decía que “los niños vienen mejores ahora”, allá por los años setenta y que hoy sigo escuchando, cual si se hubiese producido una mutación genética masiva. Creo que en realidad lo que cambia es “el cristal con el que se mira”, un cristal con ganas de cambios que aún no se produjeron y que no está muy dispuesto al hacer el esfuerzo que requiere ese cambio.

¿Cómo es que después de tantos años de que la mujer participe en el sistema de producción, hoy podamos seguir pensando que se mantiene modelos machista?. Un motivo es el del párrafo anterior, el modelo no se cambia si no se hace nada en ese sentido y el incorporar a la mujer al sistema productivo no fue justamente un paso liberador, sino por el contrario, sumó tareas a las que tenía la mujer anteriormente sin librarla de sus obligaciones anteriores. Si bien en muchos casos las tareas se comparten, no se comparte la responsabilidad. La responsabilidad de proveedor sigue siendo de varón (aunque no la pueda cumplir) y la responsabilidad de lo domestico de la mujer, aunque también trabaje. Y esto sucede en el 100% de los hogares, excepto en el mío y en el tuyo. Recuero un amigo (que podría ser yo) diciéndole a la mujer: “No es necesario que cocines podemos comprar comida afuera” pero por supuesto nunca: “de ahora en más yo me encargo de la comida diaria y de las compras, o de la limpieza, etc.…...

Claro que hay cambios, matices, pero el imaginario sigue bastante sólido.

Y no creo que sea un motivo para sostener la posición de verlo como dominación, como sostenía el feminismo inicial, sino como una distribución de roles rígidos que hoy ya no sirven. La concepción de verlo como dominación es en sí machista y mágica, es creer que los hombres se impusieron porque son más fuertes o porque sí, o porque la mujer tiene que parir o por lo que sea, es verlo en forma a-histórica, sin que sea un proceso social. Y que por otro lado que es un sistema que sólo sufre la mujer y no la sociedad toda. Sinay en su libro da múltiples casos del sufrimiento en ambos géneros, que van desde la imposibilidad de desarrollo en la mujer, hasta la disminución drástica de la expectativa de vida en el hombre. Pero yo subrayaría (en este ámbito) la privación del ejercicio pleno de la paternidad con su contra-cara que es la imposición del rol de madre-indispensable a la mujer y en algunos casos (que aumentan drásticamente) madre-sola,, lo que constituye un obstáculo para el placer en el ejercicio de la mater-paternidad, en un caso por defecto y en el otro por exceso de funciones, lo que suma frustración en los adultos y deterioro del vínculo con lo hijos.

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