domingo, enero 06, 2008

Otra nota desde España

Padres bajo sospecha

Pilar Rahola | 28/12/2007

Fue mi padre quien me convirtió en feminista. Ese hombre extraordinario, que siempre respetó a mi madre, que estaba dispuesto a ser el primero en levantar la mesa, en preparar la comida, en cargar con la compra, me enseñó el valor de la convivencia. Eran otros tiempos, y el comedor de casa era, para muchos, el espacio de la libertad. Desde ese comedor de casa, solidario y respetuoso, aprendí a amar la igualdad y a luchar por ella. Como tantas otras mujeres. De la generación de nuestras abuelas, que se dejaron la piel para poder votar, a la de nuestras hijas, que pueden ser presidentas, el camino recorrido es un salto galáctico: en solo tres generaciones hemos cambiado el paradigma cultural de siglos. Por supuesto, ahí estamos, con las cifras de maltrato llenando de sangre las estadísticas, con las mujeres luchando por ser las mejores en el trabajo y en la casa, y no morir en el intento. Con nuestras vergüenzas de discriminación en sueldos. Con el enorme esfuerzo que tiene que hacer la trabajadora que quiere ser madre. Desde luego, si miramos al pasado, la transformación social ha sido revolucionaria. Si miramos al futuro, la mujer está en condiciones de alcanzar todas las metas. Pero, si miramos al presente, aún dejamos demasiada piel y dolor en el intento. Y, por supuesto, si la mirada es global, la situación de la mujer destruye cualquier esbozo de optimismo. Desde la vergüenza de las mujeres esclavas en los países islámicos, a las niñas de los prostíbulos, pasando por todo tipo de violencias. Hemos andado mucho en el camino de los derechos, pero marea pensar lo mucho que falta por andar.Siendo todo ello cierto, me preocupa, sin embargo, que la lucha de la mujer pueda invadir los legítimos derechos de los hombres....
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http://www.lavanguardia.es/lv24h/20071228/53422212162.html

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