Nueva Paternidad
Una mirada subjetiva, desde mi lugar de padre separado e intentando una tenencia compartida. Dejame tu comentario, TU OPINIÓN ME IMPORTA "Protegedme de la sabiduría que no llora, de la filosofía que no ríe y de la grandeza que no se inclina ante los niños". Khalil Gibran
sábado, julio 24, 2010
martes, junio 29, 2010
Tabú: Custodia Compartida
Tabú: Custodia Compartida
Comparto una cita de una nota que leí recientemente: “«La custodia compartida es justa para los dos. Yo no podría separar a mi hijo de su padre, que lo adora, y como yo trabajo, el tiempo que el niño pasa con él me sirve de tregua. Conservo el piso que teníamos porque he pagado a mi ex marido su mitad, compartimos los gastos del niño y yo estoy tranquila, porque sé que su padre lo cuida bien y que mi hijo está feliz». Es una madre recién divorciada, una ovetense en la cuarentena con un hijo pequeño, quien así opina, desmintiendo la creencia de que, por sistema, las mujeres se oponen a ceder la custodia.” (Nota).
Luego seguía: “En Asturias, la Asociación de Padres de Familia Separados tiene 359 socios y sólo dos ejercen la custodia compartida. Su presidente, y vicepresidente de la organización nacional en la que se agrupa, comenta que, de todos modos, «ya no es tan extraño que una pareja pida la custodia compartida de los hijos cuando se separa, igual que ya no le sorprende a nadie que un hombre cambie pañales».”
Resueno fuertemente con estos puntos: la custodia compartida libera a la mujer del mandato patriarcal de la crianza de los hijos. En Asturias donde se está discutiendo el tema solo dos, (si 2!) padres de 359 activos, pues pertenecen a una asociación ejercen la custodia compartida.
Mi experiencia (ejerzo la custodia compartida de mi hija) es que al sacar el tema en la mayoría de los círculos en los que me muevo suceden dos cosas o el tema se ignora o se me responde: “como debe ser”, como si realmente fuera corriente que los hijos de padres separados convivieran equitativamente como ambos padres.
Una terapeuta, bastante ortodoxa que hablaba muy poco, rompió el silencio para llegar a decirme: “pero si en la actualidad la educación de los hijos ya es ejercida por ambos ¿no ves cuantos padres llevan los cochecitos de bebé por las calles”. Volví a mi casa pensando que mis resistencias terapéuticas eran mayores de las que pensaba. Me convencí que había una realidad que yo no podía ver: la crianza ya era compartida igualitariamente, las familias monoparentales eran igualmente de padres que de madres, ambos tenía iguales días de franco por nacimiento o enfermedad de sus hijos, en la misma cantidad madres “pasaban” “cuotas alimentarías” a padres que viceversa, en definitiva el patriarcado había sucumbido y yo en la prehistoria…. O yo estaba muy enfermo o el doble discurso social se filtraba hasta el diván de mi terapeuta. Pero seguramente era yo. Algo interno fallado me dificultaba hacerme cargo de la crianza de mi hija, mientras que todos los demás lo hacían “naturalmente”, sin que fuese “ningún problema” (sic). Días d angustia, noches de llanto motivados por una cuestión que la sociedad había resuelto con toda “simpleza” y yo no me había percatado.
Me resonaba otra charla con una amiga mayor: “y ahora es así, es normal… pero: ¡que confianza que te tiene tu ex en dejarte a la nena!....” Chan!!! Como si me cediera algo que le pertenece.
Busqué otros padres en esta situación y no encontré… pero seguro que era mi neurosis. Comencé un rustico pero exhaustivo relevamiento de cuantos padre varones llevaban cochecitos por la calle. Comencé un fin de semana que estaba con más tiempo. Resultó que se confirmó mi enfermedad: la amplia mayoría eran padres. Pero había un detalle: acompañados por las madres. Padres solos, de entre unos 56,… ninguno. Seguí el lunes y el cambio fue abismal, en una semana solo 3 padres que crucé empujaban cochecitos o llevaban solos a sus hijos chicos. Dos parejas y casi 150 madres empujaban cochecitos o “arrastraban” hijos.
Aunque con mucha timidez empecé a dejar lugar a la hipótesis de que existía un doble discurso social. De ninguna manera malintencionado. Pero que daba por resuelto algo que estaba pendiente. Lo que genera una intensa confusión y dolor, pues si damos por resuelto un tema que no lo está por miedo al dolor que genera la resolución; estamos doblemente trabados pues no podemos resolverlo porque creemos que ya lo hicimos y porque el miedo al dolor es “desmedido”. Nunca lo estudié a fondo, pero creo que un tal Lacan llamaba a esto renegación, negar lo negado. Para mi es convertirlo en Tabú.
De toda manera cambié de terapeuta, pasé por otro par que me decían más o menos lo mismo, así que asumí mi profunda neurosis obsesiva, parental, ostrusiva, edipica y anti-edípica, anque claustrofóbica.
Ahora en serio: no creo que se una neurosis mía o un doble discurso social, sino ambas. Esquizoide, que le dicen. (N de T: observese la cara de loco de la foto).
sábado, mayo 15, 2010
"Te necesito, papá"

"Te necesito, papá", un nuevo concepto de paternidad
Jorge Alcalde es un periodista de divulgación científica y su último libro se separa de su temática habitual para hablar de la paternidad. Con “Te necesito, papá” intenta “demostrar que la ciencia, la psicología, la biología o la psiquiatría saben de la importancia de la figura paterna en el desarrollo de los niños”. El autor ha estado en La Tarde con Cristina para resaltar que es esencial que “el hombre y la mujer compartan la educación del hijo”.
viernes, mayo 08, 2009
miércoles, marzo 18, 2009
La educación extorsiva III (Castigo)
La educación por el castigo concibe, que los cambios de conducta se harán en una superficie de las actitudes, que la modificación del síntoma es un factor de crecimiento. El castigo es un no-crecimiento, es un estancamiento, es encapsular un problema en la no-resolución, es no visualizar la posibilidad de resolver el conflicto, ni identificar claramente sus actores y sus victimas. Tampoco es una puesta de límites, veremos... “Te quedas sin televisión porque no tomaste la sopa”.Mezcla y confunde a tal grado que no se puede diferenciar cuales son las necesidades principales de cada uno, pareciera que tomar la sopa o alimentarse fuese un sacrificio, no una necesidad, (tal vez haya que cambiar el menú), y que ver la televisión, un premio, algo muy positivo. Por otro lado ¿realmente es necesario que tome las sopa? o ¿es necesario que vea televisión? ¿Cuáles son las necesidades básicas de cada uno?.
Porque también se juegan necesidades del adulto que quedan solapadas y no son tenidas en cuenta. Existen muchas posibilidades fuera del eje de los premios y castigos. Eje que además, no considera las necesidades del chico, y no lo ayuda a hacerse cargo de ellas. “Tomo la sopa, porque no voy a ver tele, y no porque necesito alimentarme” (de allí a los trastornos alimentarios estamos a un paso).
Hay otras opciones Algunas de éstas tienen que ver con tomas de conciencia y puestas de límites claros. Tomas de conciencia que pasan por entender porqué no toma la sopa, y si es necesario, luego acompañarlo en esa experiencia y compartirla.
Los chicos quieren crecer, y en ese deseo está la imitación de los padres, lo que nosotros hagamos será la verdadera impronta y punto de partida para lo que ellos hagan, no lo que digamos.
Por otro lado la puesta de límites claro son, por ejemplo: no vemos más tele porque vamos a hacer otra cosa, o simplemente porque no me gusta ò no tengo ganas.
Seguiremos con esto de los límites.
jueves, marzo 12, 2009
La educación extorsiva II (agresión)

Decíamos: el atacante termina siendo valorado positivamente. Pues si la victima reproduce la agresión del atacante quiere decir que ésta está bien, es bien valorada. Las expresiones “te pega, entonces pegale vos” “devolvésela” “Aprendè a defenderte” (que en definitiva es “hacé vos lo mismo”), aceptan y refuerzan el intercambio agresivo y limitan la posibilidad de salir del circulo violento, angustian al chico,”si no me defiendo soy un tonto”, y si me defiendo y le pego ,me alivio, pero sólo en apariencia, el dolor del golpe recibido no desaparece y sólo queda una sorda satisfacción por del dolor ajeno, y el vínculo, la relación queda resentida “ya no somos amigos porque nos pegamos”.
Pareciera que los padres no tuviéramos otra alternativa para darles a sus hijos. Alguna vez ante el planteo de que ésta reciprocidad no soluciona el conflicto, escuché “¡¿y que querés que se deje pegar?!”. Es como si no tuviésemos más opción, no tenemos mucho repertorio al respecto, porque cuando fuimos niños recibimos ése único discurso.
Es necesario que nos conectemos con sentimientos más amplios que los de quedar como tontos porque no nos vengamos, que podamos conectarnos con la imposibilidad del otro en no poder manifestar algo de otra manera que no sea agresión. No porque “no está bien”, sino porque no aprendemos a manejar esa agresión, no aprendemos a defendernos realmente.
Aprender a defendernos de la agresión es no incorporarla a nosotros mismos, por lo tanto no suscribirnos a la venganza y sobre todo encontrar los pasos para resolverla y no propagarla. Empezar por comprender que el agresor es victima de la agresión y no el agredido. Que maltratar no es ser fuerte, que no hay porqué quedarse bajo los golpes, que si me golpean debo atender mis dolores, (tanto físicos como psíquicos), y comprender porqué soy objeto de esa violencia, no de una manera culposa, “no soy el responsable ni el culpable de ésa violencia”, pero si objeto de ella y por lo tanto hay características que hay que rever, relaciones, conductas, algo para modificar, para crecer. De lo contrario si soy victima hoy seguramente mañana seré victimario.
Las relaciones son de a dos y así su construcción.
La educación por el castigo tiene muchas de éstas características.